ANECDOTA DE VALDEPEÑAS DE JAEN
“Sucedío en una barbería, donde el dueño tenía un cimbel hembra que regaló a un
amigo suyo sastre que vivía en su pueblo. El sastre lo tuvo durante mucho tiempo en su taller
de costura donde trabajaban varias mujeres del pueblo.
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El nuevo dueño de este jilguero hembra lo fué acostumbrando a su presencia hasta el punto
de dejarlo suelto todo el día por el taller de costura. Cuando llegó el mes de marzo, ese pájaro
 tan dócil se marchó por una ventana abierta para desesperación de su dueño que no lo pudo
 encontrar. Pero un día, llegado el mes de junio, mientras trabajaba, escuchó unos golpecitos
 en los cristales de su sastrería, se asomó extrañado y vió como una jilguera picoteaba en su
ventana. Poco sospechaba el sastre que aquella jilguera  era la misma que tuvo en tiempos por
su taller.
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El sastre abrió la ventana y vió como el ave  comenzó a revolotear agitadamente desde
 dentro del local hasta la ventana una y otra vez, hasta que el sastre, enormemente sorprendido
 se asomó a la ventana y vió como fuera de ella  aleteaban alegremente unos pequeños jilguerillos noveles. El sastre no podía dar crédito a lo que estaba presenciando, su jilguera se marchó para
anidar y había vuelto para enseñarle sus crías. “
Esta anecdota traspasó las fronteras de la España de aquella época, incluso sus habitantes llegaron a reclamar un nuevo nombre para el pueblo, “Valdepeñas de los jilgueros”
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